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Desarrollador confirma en ponencia: futuro del megaproyecto Esencia depende del acuífero y el greenwashing

Guarionex Padilla Marty, coportavoz de la Coalición Defiende a Cabo Rojo | Marcos Pérez Ramírez, editor de MareaEcologista.com

Durante meses, los proponentes del megaproyecto Esencia insisten en una idea sencilla: el desarrollo proyectado para Boquerón no competirá con las comunidades del suroeste por el agua porque será “autosuficiente” y no afectará la ecología de la región ya que ‘redujeron la huella de construcción del proyecto’.

Sin embargo, una extensa ponencia , acompañada de una aún más voluminosa sección de anejos, presentada por Cabo Rojo Land Acquisition, LLC (CRLA), Three Rules Capital, LLC, y rubricada con la firma de Roberto Ruiz Vargas ante el Senado de Puerto Rico el 31 de agosto de 2026, permite examinar con mayor precisión qué significa realmente esa “autosuficiencia” y cuán “ecológico” es este megaproyecto.

El documento, sometido en el contexto de las vistas públicas de las Resoluciones del Senado 9 y 459, pretende refutar las preocupaciones expresadas durante las vistas públicas sobre agua, energía, permisos, participación ciudadana y conservación de ecosistemas.

Pero, al hacerlo, reconoce varios hechos fundamentales. Veamos.

1. Esencia desistió de conectarse a la infraestructura pública de agua

Los desarrolladores pretenden depender primordialmente de aguas subterráneas, calcula que necesitará extraer aproximadamente 1.5 millones de galones diarios (MGD)de agua cruda y reconoce que existe interacción entre los pozos propuestos y la intrusión salina.

Más aún, admite que todavía se encuentran en proceso evaluaciones dirigidas a determinar cómo se explotaría localmente ese recurso.

Estas admisiones modifican sustancialmente el debate.

2. Ya la fuente no es la Planta de Filtración Betances, sino pozos

Uno de los aspectos más reveladores de la ponencia, constata cuando el desarrollador afirma que desistió de la alternativa propuesta ante Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) y que, por tanto, descarta cualquier conexión con la red pública, incluso aquella que pudiera utilizarse durante emergencias.

No obstante, de acuerdo a la ponencia de la AAA y la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), los proponentes si habían insistido en conectarse al sistema público para cualquier contingencia.

La controversia sobre el agua, por tanto, ya no gira principalmente alrededor de si la Planta de Filtración Betances puede producir suficiente agua para Esencia. Los proponentes sostienen ahora que el proyecto será independiente de la AAA y del Canal de Riego del Valle de Lajas.

Eso no significa, sin embargo, que Esencia haya dejado de depender de los recursos hídricos de la región. Significa que ha trasladado esa dependencia desde la infraestructura superficial y pública hacia el subsuelo.

Según la ponencia, el proyecto tendría una demanda de aproximadamente 1.253 MGD diarios de agua potable y requeriría una extracción de alrededor de 1.5 MGD de agua cruda mediante pozos. Para el riego de los campos de golf y áreas paisajísticas calcula otros 2.41 MGD, que pretende obtener mediante reúso de aguas tratadas y cosecha de lluvia.

La distinción es crucial. Pues tener pozos privados no equivale a tener “agua propia”. Los acuíferos son sistemas hidrológicos compartidos y su comportamiento no obedece a los límites de una finca, un proyecto inmobiliario o una escritura de propiedad.

3. El desarrollador menciona intrusión salina

Durante el debate público en torno a Esencia, organizaciones comunitarias, científicos y residentes han advertido reiteradamente sobre el peligro de la extracción intensiva de agua subterránea en una región costera históricamente caracterizada por limitaciones hídricas y problemas de salinidad. La AEE también se hizo eco de esa preocupación.

La nueva ponencia del desarrollador no elimina esa preocupación. En realidad, la confirma.

En la página 14, al explicar su plan de mitigación, CRLA reconoce que, debido a las características del acuífero costero, “siempre existirá algún nivel de interacción con la interfase marina y, por ende, ciertos niveles de intrusión salina en la periferia de los pozos profundos”.³

Es una admisión significativa. La discusión, por tanto, ya no debería plantearse en términos de si existe o no riesgo de intrusión salina. El propio desarrollador acepta que existe interacción con la interfase marina. Lo que queda por determinar es cuál sería la magnitud de ese proceso bajo un régimen continuo de bombeo de aproximadamente 1.5 MGD y cómo respondería el sistema durante períodos prolongados de sequía.

Para atender el riesgo, Esencia propone seis pozos de observación, sensores en tiempo real para medir conductividad y salinidad y un sistema automatizado capaz de disminuir el caudal de extracción si se detectan cambios adversos en el gradiente hidráulico.

Pero existe una diferencia fundamental entre monitorear un riesgo y demostrar que ese riesgo no ocurrirá.

De hecho, la necesidad de instalar mecanismos automáticos para reducir el bombeo si avanza la cuña salina constituye, por sí misma, reconocimiento de que el sistema posee límites físicos que todavía deberán ser manejados durante la operación.

4. ¿Cómo explotar entonces el agua del acuífero?

Otra de las admisiones más importantes aparece en la página 13. CRLA explica que el objetivo de las pruebas subsiguientes no consiste en “revalidar la capacidad total del acuífero a escala regional”, sino en determinar los parámetros particulares de explotación necesarios para el proyecto.

La próxima etapa, según el propio documento, deberá establecer “con precisión los parámetros de explotación local específica del proyecto” y proveer al Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) los diseños requeridos para garantizar que la extracción de aproximadamente 1.5 MGD pueda realizarse de manera sostenible.⁴

Esto merece atención. La ponencia utiliza repetidamente expresiones categóricas —“autosuficiencia”, “independencia absoluta”, capacidad suficiente— mientras reconoce simultáneamente que todavía debe determinarse cómo operar localmente el sistema de extracción.

También informa que algunos pozos exploratorios resultaron de bajo rendimiento y tuvieron que ser sellados, mientras identifica al pozo TW-2 como uno de alta productividad.

Por tanto, no puede confundirse la evidencia de que existe agua subterránea con la demostración de que existe, en los puntos específicos de extracción, una fuente sostenible capaz de sostener la demanda proyectada durante la vida útil de un desarrollo de esta magnitud.

Los desarrolladores sostienen que la capacidad regional del acuífero supera los 10 MGD y que la extracción de Esencia representaría solamente una fracción del flujo subterráneo que eventualmente descarga hacia el mar.

A partir de esa premisa concluyen que es “físicamente imposible” que la extracción propuesta reste agua a terrenos agrícolas aguas arriba o a los ciudadanos de Cabo Rojo.

La conclusión es mucho más fuerte que la evidencia que la precede. Un estimado sobre el flujo regional de un sistema hidrogeológico no demuestra automáticamente que una extracción localizada y sostenida carecerá de efectos sobre niveles piezométricos, gradientes hidráulicos, salinidad o usuarios cercanos.

Precisamente por eso existen pruebas de bombeo, redes de monitoreo, modelos hidrogeológicos y permisos de aprovechamiento. ¿Y dónde está esa información?

La propia existencia del programa de monitoreo que propone Esencia contradice, en alguna medida, la seguridad absoluta de la frase “físicamente imposible”. Si los efectos adversos fueran físicamente imposibles, difícilmente sería necesario establecer sensores destinados a disminuir automáticamente la extracción ante el avance de la salinidad.

5. ¿Y si fallan los pozos? ¿Desalinizar agua del mar?

La ponencia incluye además una contingencia que merece mucha más discusión pública. En caso de un “fallo absoluto” de los pozos terrestres, el proyecto contempla reconfigurar su planta de ósmosis inversa para procesar directamente agua de mar.

El planteamiento es presentado como una demostración adicional de resiliencia. En realidad, abre un nuevo conjunto de interrogantes ambientales y regulatorios. Una instalación diseñada para desalinizar agua marina no supone simplemente cambiar el agua que entra por una tubería. Requiere evaluar, entre otras cosas, la captación de agua marina, la infraestructura necesaria, el consumo energético y el manejo y disposición de salmuera altamente concentrada. Dependiendo de su diseño y localización, también podría requerir autorizaciones ambientales distintas de las evaluadas para un sistema basado en pozos.

No queda demostrado en esta ponencia que esa alternativa haya sido evaluada ambientalmente como parte del proyecto actualmente autorizado.

6. El Greenwashing continúa

En su ponencia, los proponentes del megaproyecto Esencia siguen con su estrategia de greenwashing o “lavado de cara verde”.

Insisten en que los dos campos de golf, áreas de paisajismo y siembras estratégicas como corredores para las aves, son parte del área de conservación frente a la enorme huella de construcción.

Este argumento es falso. Fracturarán corredores ecológicos y ecosistemas. Construir y mantener dos campos de golf por más supuestamente ecológicos que sean, intervenir con el terreno para la siembra y ejecución del paisajismo y demás gestiones que mencionan no son medidas de conservación. Son medidas de mitigación.

7. Destruirán ecosistemas y corredores ecológicos

El dato irrefutable que los proponentes de Esencia no tocan ni con una vara larga: la fragmentación de ecosistemas y corredores ecológicos.

Sus propios planos lo demuestran. El guabairo de Puerto Rico y la mariquita de Puerto Rico —ambas especies endémicas en peligro de extinción—, al igual que numerosas aves costeras y migratorias, utilizan un paisaje ecológicamente conectado que incluye los cerros de Los Pozos, el Refugio de Vida Silvestre del Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre, el Refugio de Vida Silvestre Iris L. Alameda Martínez, la Laguna Cartagena, la Reserva Natural de Punta Guaniquilla y otras áreas naturales protegidas del suroeste.

Esas especies no reconocen verjas, controles de acceso, límites de propiedad ni campañas de greenwashing. Tampoco necesitan campos de golf disfrazados de “áreas verdes” o corredores fragmentados por carreteras, residencias y hoteles.

Necesitan hábitats continuos, conectividad ecológica y condiciones adecuadas para alimentarse, reproducirse y sobrevivir.

Eso es precisamente lo que Esencia amenaza con destruir.

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Marcos Pérez Ramírez

Marcos Pérez Ramírez

Autor

Periodista y editor fundador