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La insurrección energética es latinoamericana y caribeña

Recorrimos horas por un camino rústico atravesando ríos y apreciando cascadas de todo tipo para llegar finalmente a La Taña. Tal si fuera una isla, en lugar del mar caribeño, este pueblo agricultor de cardamomo, maíz y otros alimentos, está aislado por montañas en un bosque nuboso, la tierra-cuna guatemalteca del Popol Vuh.

Al llegar, el cementerio marca la entrada o quizás la salida del pequeño pueblo de estructuras mixtas con su farmacia, mercado, ferretería, y casas habitadas, entre otros, por mujeres de faldas rojas y huipiles típicos de la cultura Ixil. No son originarios de esta zona del Departamento de El Quiché. En su caso, llegaron como poblaciones reasentadas en una zona que atestiguó años de genocidio bajo un Estado militar. Tras los acuerdos de paz alcanzados en 1996, ciertos intentos de reparaciones incluyeron la entrega de territorios a pueblos que fueron parte de la resistencia, aunque esos territorios no necesariamente estaban en sus lugares de origen. Así llegaron muchos Ixiles a esta zona maya Q’eqchi y K’itche.

En la ruta, ningún poste ni cableado del exterior alcanza esta isla-pueblo pero, una vez allí, se observa un tendido eléctrico construido por la comunidad con transformadores que energizan sus días y alumbran las noches de 300 familias de 4 comunidades, así como los espacios comerciales y de servicio.

Su energía proviene del agua que baja a presión por una tubería de 12 pulgadas de diámetro en una caída neta de 35 metros hasta llegar a la casa de máquinas, donde operan una turbina de 90 kilovatios. A filo de agua, esta hidroeléctrica no depende de esas mega-represas que desplazan a los pueblos de sus territorios, ni provocan daños a la biodiversidad, al río o sus cuencas.

Hace 10 años que aquí viven la independencia energética con un modelo propio de energías comunitarias. La asociación que gobierna el sistema es electa por la gente mientras su presidencia rota cada dos años asegurando relevo y gobernanza democrática. Los asociados pagan una cuota fija de 30 quetzales ($4 mensual), que aumenta algo si excede el consumo base mientras adultos mayores que viven solos y personas incapacitadas no pagan nada. En otras instancias, familias sin ingresos disponibles pueden esperar hasta la temporada de cosecha para hacer sus pagos. Todas constituyen medidas de protección social frente a las tarifas onerosas y las prácticas usureras de las empresas que han privatizado el servicio. Unilla y otras seis comunidades pronto completarán su propia red eléctrica de doce kilómetros de distribución con una hidroeléctrica de 135 kilovatios, diseñada para duplicar su capacidad en una etapa futura.

Llegué a esta región para aprender con Edgar, Andrea y Jorge del Colectivo Madreselva con quien Casa Pueblo comenzó la Iniciativa Latinoamericana y del Caribe de Energías Comunitarias. Tosepan en México es parte del núcleo de trabajo inicial mientras se fraguan contrapartes en Colombia y Ecuador. La iniciativa busca posibilitar el intercambio de experiencias y aprendizaje colectivo de quienes están desarrollando modelos de energías comunitarias para la transición energética justa, con perspectiva social, decolonial y respetuosa de la Madre Tierra.

Construyendo soberanía energética en Guatemala | Video suministrado: Casa Pueblo, Adjuntas, Puerto Rico

La Taña no está exenta del calentamiento global. En la etapa dura del verano, la baja en los caudales de agua compromete la producción energética. Ante este desafío, la solución la encontraron en el sol, tal y como ocurrió en Adjuntas. Ahora integran un sistema fotovoltaico de 65 kilovatios con baterías para mejorar la calidad eléctrica, robustecer el sistema en periodos críticos de falta de lluvia y generar un excedente de energía para otras actividades productivas o para potenciar otros servicios básicos como un sistema de bombeo de agua para la comunidad.

El maridaje del agua con el sol es una experiencia nueva para el Colectivo Madreselva, un hito en Guatemala. Al igual que en Puerto Rico, son las comunidades la fuerza de innovación que necesitamos para cambiar el modelo de explotación que domina a nuestros pueblos en la colonia de Borikén o en las repúblicas de nuestro hemisferio.

Al anochecer cayó un fuerte aguacero, y la conversación bajo el ruidoso techo de cinc de la hospedería se hizo imposible. Pero algo quedó claro, la transición energética justa, sea en Adjuntas o en la Zona Reina, no es un acto aislado. Tampoco son acciones pequeñas. Las energías comunitarias son formas de resistencia y democracia directa; insurrecciones que insisten en demostrar que la independencia siempre es posible, en cualquier lugar y a cualquier escala.

Arturo Massol

Arturo Massol

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