Sale oronda cabrón al balcón de Fortaleza cabrón con el blowel hecho. Perfecta cabrón. Y a su lado un muñeco. Cebao. Peinado perfecto con bucles frontales. El gelazo yal.
Salen a saludar al balcón. A los mariachis que le llevan las mañanitas. Cabrón. Esa sonrisa como un almohadón. Y uno acá abajo cabrón subiendo cubos llenando cisternas buscando agua donde qué se que yo cabrón porque estoy que nos la robamos cabrón.
Y estos lechones cabrón
Con permiso de los porcinos, animales limpios, tiernos e inteligentes. La cosa es que cabrón me contaron que una mujer madre se levantó de madrugada para coger agua de la pluma y un carajo cabrón. Lloro frente al cubo. Allá en Trujillo. Si cabrón.
Y este maso de cabrones montándose el panchitas batata. Poco ha pasado. Nos quieren matar cabrón.
Me importa un carajo lo que pienses ya he visto demasiada gente mía muriendo (Nydia Morales Pérez, no fue vano) mientras estos escombros grotescos se ufanan de su vida plena paga de aventar a sus hijos como trofeos usándolos como adornos de su cruel escenografía.
Va llegar el día cabrón en el que esa marejada subirá como nunca.
Y la señora esa cabrón. Su muñeco su cabrón teatro y su realeza de la nada se hundirán en en el carbrón olvido.