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La verdadera esencia de Borikén

Discurso de Marcos Pérez Ramírez, editor de mareaecologista.com ante la convocatoria a Marcha contra Esencia, 23 de agosto de 2026

Hace mucho tiempo una plántula de mangle rojo inició su travesía a la deriva desde la boca del río Orinoco hacia el noroeste del Caribe. Navegó por milenios y llegó. Allí se atoró en una amalgama de lava volcánica recién seca, corales en puñados, algas apiñadas, hojas secas, verdes, moluscos muertos, vivos, cangrejos violinistas y ermitaños.

Con el tiempo esa plántula se afianzó. Echó raíces enormes y comenzó a convertirse en isla. Una isla que mucho tiempo después, la gente llamaría Borikén. Pero no le bastó a la plántula con ser isla; pronto fue archipiélago: Amoná, Monito, Desecheo, Aurora, Cardona, Abarca, Mata La Gata, Caracoles, Vieques, Culebra, Culebrita, Icacos, Lobos y los Arrecifes de la Cordillera, Caballos, Arrecife de la Isla Verde.

Eso somos. Un archipiélago. Mírense. Somos islas. Islas amarradas por un mar generoso y justo. Islas amarradas más allá donde la libertad gritó Ayití, Trabucazo, Yara, Lares. Donde antes el valiente bronce fue capaz de ahogar el imperialismo aristocrático con sus propias manos. Recuerden a Salcedo. ¡Añasco!

Donde antes un batallón de morenos, ejerciendo el kocobalé y la más sofisticada guerra de guerrillas en los manglares, donde antes se habían afianzado taínos, bantúes y yorubas, derrotaron de manera humillante al Almirante Abercromby, desde Cangrejo Arriba a Cangrejo Abajo.

Y a esas aguerridas mujeres que salieron a ‘rogar’ por San Juan para que se fueran los ingleses, y mientras envenenaron pozos, abastos enemigos, que semanas más tarde los harían cagarse encima literalmente e iniciar la retirada dejando una retahíla de cañones y municiones.

Un siglo más tarde, una mujer sola, modista y prestamista, ponía a temblar al gobernador de la colonia española Manuel de la Torre. El derrotado por Bolívar en Venezuela le temía a esta mujer “parda”, según el decir de aquella época, de letra refinada, políglota, educada por monjas dominicas: María de las Mercedes Barbudo.

La primera persona independentista en la historia de este archipiélago, hasta hoy, era nada menos que la espía máxima de la gesta de Bolívar, Santander y Sucre en Puerto Rico.

Nunca renegó de sus ideas, ni tan siquiera cuando fue encarcelada y desterrada. “Sí, son mis cartas con Santander; son mis periódicos de la Gran Colombia y Venezuela”, pudo muy bien haber contestado desafiante durante el interrogatorio que encabezó el propio De la Torre.

Desafiante se exilió, desafiante escapó del cautiverio y desafiante murió y está sepultada en la Catedral de Caracas como una heroína de la independencia de Venezuela, Colombia y Ecuador.

Décadas más tarde, hartos de la gleba, el cepo y la miseria, un abogado de aquí cerca, Segundo lo llamaron, y un médico de aquí, Ramón, no paraban. Curaban enfermos. Liberaban niños y personas esclavizadas. Escribían mandamientos y proclamas. Fundaban hospitales. Dieron su vida, su creatividad y toda su fuerza por la vida de los demás. Sobre todo de los que no tienen nada y han perdido su libertad. Porque ya lo dijo Emeterio: “la naturaleza no hizo a nadie esclavo, sino a todos libres”. Escúchenlo otra vez. Repítanlo si quieren: “La naturaleza no ha hecho esclavo a nadie sino a todos libres”.

Pronto Ramón fue Mariana, Segundo fue Lola, todos fueron Rojas, machetes, palos, jachos, piedras y hachas.

Los descendientes de los que ahogaron la arrogancia aristócrata imperial con sus propias manos ahora se levantaban en un solo grito. Poco duró. Vino el exilio. La represión. La brutalidad. Pero se ganó. Abolida la maldita esclavitud.

Luego Yauco. La fuerza nunca se apaga. Nunca se apagó. Como la plántula que estuvo a la deriva por milenios buscando raíz y tierra firme donde fortalecerse, las cenizas volvieron con los Tiznaos y aquella Águila Blanca.

Nos invadieron y bombardearon por 48 horas. La rabia era grande. Llegaron huracanes, estrangulaciones económicas y nos comenzaron a robar las mejores tierras: nuestros acuíferos, valles aluviales, humedales y manglares.

No tardó mucho antes que resurgiera la rabia como semilla. La indignación sudaba gordo en el cañaveral, el cafetal y el taller. Llegaron las huelgas. Luisa Capetillo. Una mujer. Una nación completa. Libre. Ella sola. 

Y entonces los nacionalistas: una Julia que se otorgó su número antes de morir; un aguerrido y desprendido orador cuya palabra arropaba Campos; una Blanca capaz de abrir las puertas de la revolución y empuñar el fusil; el poeta evangelista llamado Juan; Rafael, Lolita, Irving. 

Regresó la represión y la muerte vestida de radiación, tortura, masacres, fusilamientos.
Pero nada pudo apagar esa chispa que encendió luego en la UPR donde un tal Juan Mari Brás de Mayagüez exigía la bandera de Puerto Rico. La presencia de Albizu. La voluntad de decidir, nosotros y nosotras, solos, a quién amamos, a quién queremos, a quién queremos escuchar.

Más tarde murió Antonia, Adolfina dio la vida por la tierra en Piñones, Arnaldo, Francisco, Maravilla, Chagui, Carlos Muñiz Varela, Filiberto Ojeda, Roberto Viqueira Ríos.

Tantas veces han intentado erradicar el manglar de la historia de este archipiélago.

Tantas veces han fracasado.

Y hoy podemos decirles que van a fracasar.

Somos archipiélago, manglar, zumbadores, guabairos, charranes, pelícanos, mariquitas, canarios, palomas sabaneras, múcaros, falcones, guaraguaos y pitirres, boas constrictoras, corredoras, murciélagos pescadores, iguanas azules, delfines, tortugas, manatíes, tiburones, coquíes de todo tipo y conchos empecinados que no se van a ir a ninguna parte. Porque aquí pertenecemos.

Hoy somos manglar otra vez. Mírense. Unos son rojos y tienen raíces enormes como sus brazos para proteger a las comunidades y pescadores, o sus voces son certeras y potentes y enfrentan marejadas de mentiras y manipulaciones.

Otros son mangles negros. Resistentes. Determinados. Con una maleta de herramientas, neumatóforos listos para sobrevivir y una red de raíces invisibles a las amenazas. Trabajando en sigilo. Con toda la fuerza.

Somos mangles blancos de grandes copas y abundantes flores que vuelan como semillas regando nuestra causa de libertad para la naturaleza del archipiélago de Puerto Rico.

Y somos mangles botones. Podemos estar en todas partes. Arriba en la loma. Abajo en la ciudad ahogados en el humo y el smog. Pero regamos la causa con nuestros botones. Semillas de conocimiento que van a todas partes con la ayuda de nuestros aliados los pitirres, las palomas y las iguanas de las que hablé antes.

Vamos a dejarlo claro aquí en la tierra de Betances y Maria Civico.

Los Pozos, ¡sí va!, Boquerón ¡sí va!, Cabo Rojo ¡sí va!, todo el suroeste boricua y el archipiélago entero va, sigue y seguirá.

Lo que no va es Esencia.
¡Viva Puerto Rico libre de especuladores! ¡Viva Puerto Rico libre de desplazadores! ¡Viva Puerto Rico libre de alicates traidores locales! ¡Viva Puerto Rico libre de los asesinos de la biodiversidad! ¡Viva Puerto Rico libre de los asesinos de la naturaleza!
¡Viva el archipiélago de Puerto Rico!

¡Para quitarnos las playas tendrán que quitarnos la vida! 

¡Esencia no va! 

¡Somos naturaleza, vencemos siempre!

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Marcos Pérez Ramírez

Marcos Pérez Ramírez

Autor

Periodista y editor fundador